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jueves, agosto 6, 2020
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Los osos polares están destinados a la extinción para 2100

Un reciente estudio afirma que la pérdida de hielo ártico, y sus consecuencias en la cadena alimentaria, provocarán sustanciales cambios en las poblaciones de osos polares de aquí para el 2040 que pueden incrementarse hasta alcanzar la teórica extinción de este animal para el 2100.

La situación de los osos polares (Ursus maritimus) dista mucho de las representaciones de aquellos anuncios de los 90, donde se mostraron a estos animales como auténticos embajadores del frío en regiones conquistadas por extensos mantos de nieve, hielo y felicidad.

Ahora, las acciones de aquellos mismos construyeron ese ideario han transformado aquel páramo helado en una masa “cálida” donde el hielo ha dado paso al agua y los osos polares vagan como fantasmas esperando la venida del fin de su particular reinado.

De acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, las poblaciones de osos polares en el ártico han decrecido en apenas 20 años alrededor un 30%, de las aproximadamente 30.000 registras en 1995, a los 20.000-25.000 ejemplares que se creen que pueden existir ahora, aunque los científicos se mantienen pesimistas.

Tal es la incertidumbre por el futuro de estos animales, que un reciente estudio publicado en la revista Nature Climate Change los expertos creen que estos animales, si siguen caminando por esta senda, desaparecerán, a excepción de algunas poblaciones, para finales de este siglo. De hecho, exponen que es posible que para el 2040 se produzcan fallas en la reproducción que desemboquen en extinciones locales generalizadas.

La razón de su desaparición se explica por la reducción de hielo del ártico, que ha alcanzado mínimos históricos en 2019. Según el estudio, los osos polares no pueden subsistir exclusivamente con el alimento que encuentran en tierra, por lo que dependen del hielo marino y de las especies que se refugian en él para adquirir un extra de nutrientes que los mantengan con vida.

Dadas estas nuevas condiciones, los osos polares se han visto obligados a utilizar las reservas de energía acumuladas durante la temporada de caza de invierno para pasar los meses de verano en tierra o en aguas improductivas, algo a lo que estaban acostumbrados, pero no de un modo tan agresivo.

“Los osos enfrentan un período de ayuno cada vez más largo antes de que el hielo se vuelva a congelar y pueden regresar para alimentarse”, explica Steven Amstrup, uno de los autores del estudio.

La falta de alimento y sus posteriores consecuencias ya se han visto reflejadas en algunas poblaciones, como en la presente en el mar de Beaufort, al sur de Alaska, donde los biólogos registran caídas de hasta el 50% en el número de ejemplares durante los periodos cálidos.

Para calcular las reducciones en las poblaciones futuras y el límite fisiológico de los osos polares, los científicos estimaron la evolución física de osos repartidos en 13 poblaciones (que abarcan el 80% total de ejemplares de la especie) y recrearon el uso de energía de los animales para obtener el número máximo de días que pueden aguantar en ayunas antes de que disminuyan las tasas de supervivencia de cachorros y adultos.

Estos datos los aplicaron después a distintos escenarios climáticos en los que emitiesen grandes cantidades de gases de efecto invernadero, que produjesen un excesivo calentamiento, y otro más moderado.

Para los científicos, incluso de que el calentamiento se pueda limitar a 2,5 grados centígrados, medio grado por encima de lo estipulado en el Acuerdo de París, los osos polares estarían destinados al colapso.

“La amenaza no es el aumento de las temperaturas en sí, sino la incapacidad de los depredadores de la parte superior de la cadena alimentaria para adaptarse a un entorno que cambia rápidamente”, detallan los autores.

“Si de alguna manera, por arte de magia, se pudiera mantener el hielo marino incluso a medida que aumentan las temperaturas, los osos polares podrían estar bien”, comenta Steven Amstrup.

Estudios anteriores han mostrado que, si se reducen las emisiones de gases desde ahora, se necesitarían entre dos y tres décadas para recuperar el hielo marino perdido, debido a que el dióxido de carbono posee una larga esperanza de vida en la atmósfera. Por este motivo, lo científicos claman por medidas desesperadas que frenen la emisión de los gases que están destruyendo nuestro mundo.

“La única forma de salvarlos es proteger su hábitat deteniendo el calentamiento global“, concluye Amstrup.


Fuente: El Ágora Diario

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